El mensaje digital que había intentado sabotear el inicio de nuestra ceremonia no fue más que un susurro en medio de un huracán. Cuando el código rojo parpadeó en las pantallas, no hubo pánico. Solo hubo una mirada entre Adrián y yo: una confirmación muda de que, frente a la inmensidad de nuestro amor y la escala de nuestro poder, cualquier amenaza era insignificante. Con un simple gesto de la mano de Valeria desde el centro de mando subterráneo, el hackeo fue neutralizado, las pantallas volvie