El gas púrpura, una sustancia que ni siquiera la tecnología de Clara Voss lograba identificar de inmediato, se disipó con una rapidez antinatural, como si no hubiera sido más que un aviso, una advertencia de que las raíces de nuestra Torre descansaban sobre secretos mucho más antiguos y oscuros que nuestras propias ambiciones. Mientras el equipo Alfa sellaba los niveles inferiores, Adrián y yo nos retiramos al corazón de nuestra fortaleza: el despacho principal.
El silencio allí era distinto. Y