La luz ámbar de la cabina del Gulfstream parpadeó cuando una violenta turbulencia sacudió el fuselaje. El documento de co-administración seguía sobre la mesa, un ultimátum dorado con el que Agustín pretendía comprar mi sumisión y la cabeza de mi esposo.
Un paso pesado hizo crujir la alfombra del jet. Adrián ya estaba de pie en el pasillo central. Su mirada letal descendió hacia el papel y luego se clavó en Agustín. La interferencia en su monitor portátil le había dado la última pista: el Interv