El parpadeo dorado en las pantallas de la Bolsa de Valores de Nueva York sembró una confusión inmediata entre los reguladores y los inversores de la Mesa Redonda. Las alertas del sistema financiero indicaban que un nodo maestro externo estaba intentando forzar un protocolo de disolución voluntaria sobre Varela Global. Isabel Rivas apretó los dientes, perdiendo por un microsegundo su sonrisa aristocrática, mientras Ángel Eduardo Nava tecleaba con rapidez en su terminal privada, tratando de ident