El ascensor subía en silencio hacia el ático del edificio Rivas & Asociados. Adrián revisó su arma por última vez y luego me miró. Me había dado una chaqueta de cuero suya para cubrir mi ropa empapada, y el peso de su mano en mi hombro era lo único que me mantenía anclada a la realidad.
—Recuerda —susurró Adrián mientras los números del piso parpadeaban en rojo—, Mauricio no es como Santiago. Él no usa la fuerza si puede destruirte con una firma. Pero ahora que tiene a Emma, ha cruzado una líne