La pólvora y el frío extremo de la ventisca canadiense se colaron con violencia en el ala técnica baja en cuanto Adrián apretó el gatillo. Los dos disparos secos y precisos resonaron en el cubículo de hormigón, derribando a los mercenarios de Thorne antes de que sus miras láser alcanzaran la caja de titanio. No hubo tiempo para verificar los cuerpos; la fortaleza de piedra de Isabel Rivas emitía crujidos estructurales cada vez más graves, señal de que el incendio del piso superior estaba alcanz