La expulsión de Alejandro no dejó rastros de sangre, pero fue la ejecución corporativa más limpia y letal en la historia de Varela Global.
Esa noche, de vuelta en el ático de cristal que Adrián usaba como refugio, el silencio no era el de dos fugitivos escondiéndose del mundo. Era el silencio pesado y majestuoso de dos depredadores que acababan de devorar a su mayor rival y reclamar la cima de la cadena alimenticia.
El agua caliente de la ducha había lavado el cansancio de los últimos días, per