El sonido del cristal destrozándose contra la madera rompió el hechizo. El aroma áspero del whisky añejo inundó el pasillo, pero lo único que yo podía oler era la mentira en la que había vivido los últimos meses.
Adrián no se movió. Su mirada bajó desde mis ojos hasta la hoja membretada que yacía en la alfombra, y luego volvió a subir. Por primera vez desde que lo conocía, vi la coraza del CEO implacable fracturarse. No había sorpresa en su rostro, pero sí la cruda tensión de un hombre que sabe