Tenía que hablar con él, ya no podía seguir guardando el secreto sobre su salud. Pero antes, debía concentrarse en los asuntos de la empresa.
Los días pasaban y la angustia comenzaba a apoderarse tanto de Alexander como de Anne. Cada uno guardaba un secreto que, sin saberlo, era el mismo. Él no sabía cómo abordar el tema; sentía que debía ser en un momento de intimidad. Le temía a la reacción de Anne. Sabía que a ella no le gustaban los secretos.
Tenía que hablar, y tenía que hacerlo ya. Lo har