El cielo de la ciudad brillaba con un azul profundo, punteado apenas por unas pocas estrellas que se asomaban entre los edificios altos. Anne se recogió el cabello en un moño suelto mientras bajaba del coche. Llevaba un vestido azul marino que se ceñía sutilmente a su cintura, sin adornos innecesarios. Elegante, como siempre, pero con una simplicidad que Alexander amaba.
—¿No está demasiado tranquilo este lugar para una cita? —bromeó ella, al ver el jardín decorado solo con luces cálidas y una