Margaret cerró la puerta con fuerza al llegar a casa. Sus tacones resonaron sobre el mármol blanco, marcando el paso de su frustración. Se soltó el cabello con un movimiento brusco, tirando el prendedor sobre la mesa del vestíbulo, y caminó directamente hacia el salón principal, donde sabía que su madre estaría, como siempre, con una copa de vino entre los dedos y un juicio preparado en la lengua.
—¿Cómo te fue con la princesa heredera? —preguntó Eleanor, sin levantar la vista del libro que so