La señal en vivo apareció en la pantalla con una música sobria y solemne. El logo del canal se desvaneció lentamente, y en su lugar emergió la imagen de una mujer impecablemente vestida, con un elegante vestido negro, perlas alrededor del cuello y el cabello perfectamente recogido. Eleanor Lewis Benson estaba lista.
El set de la entrevista era discreto, íntimo, casi teatral. Una mesa de madera oscura separaba a Eleanor de la periodista, una mujer conocida por su tono compasivo pero inquisitivo.