Deber, Sentir y muy pronto...
Se encontraban en uno de los restaurantes de la familia Delacroix, Anne y Alexander. Aquella mañana habían decidido salir de la rutina de la mansión, dejar de lado el pesado ambiente que los envolvía desde hacía semanas y compartir un desayuno más íntimo en un lugar público. Era un restaurante elegante, con ventanales que dejaban pasar la luz del día, mesas de mármol cubiertas por manteles blancos y camareros que se movían discretos como si fueran sombras. Sin embargo, ni la exquisitez del luga