Anne despertó sobresaltada, con el corazón latiendo con tanta fuerza que le dolía el pecho. El sudor perlaba su frente, y por un momento no supo dónde estaba. Las imágenes de la pesadilla aún la perseguían: sombras que la llamaban por su nombre, un mar de voces y un eco de abandono que parecía desgarrarle el alma. Cerró los ojos con fuerza, intentando alejar el recuerdo, pero la angustia se aferraba a ella.
Alexander fue el primero en notar su desvelo. Se incorporó de inmediato, con esa mezcla