El cielo sobre Los Ángeles estaba cubierto por nubes pesadas, con ese gris metálico que anunciaba tormenta. Eleanor Lewis observaba la ciudad desde la terraza de su mansión en Beverly Hills, con una copa de vino tinto en la mano. Su vida, pensaba, era perfecta. Filántropa, viuda respetada, rostro habitual en galas benéficas y revistas de sociedad.
Nadie hablaba ya del accidente aéreo en Sacramento, hacía más de veinte años, cuando un avión comercial con decenas de pasajeros cayó envuelto en lla