Ojo por ojo (2da. Parte)

Al día siguiente

Bagdad

Sara

Grité hasta que me dolieron las cuerdas vocales. Pateé el aire de la habitación con los puños cerrados y supliqué con la voz destrozada: todo servía si protegía a mi bebé. Jamás permitiría que lo arrancaran de mí como si fuera un estorbo; él no era vergüenza, era una vida que latía por sí misma, fruto de amor entre Yassir y yo, entonces lo defendería con uñas y dientes.

Sin embargo, nada era fácil. A mi lado, Huda me apretaba la mano; sus dedos temblaban y su mirada
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