Los guerreros de Wolf, acostumbrados a la obediencia, aceptaron las órdenes. Pero sus miradas lo decían todo. Mientras comenzaban a prepararse para la batalla, sus ojos se posaban en Christina, con desconfianza y confusión. No entendían por qué su rey, el poderoso Thane, el gran estratega, seguía las órdenes de una mujer, y menos en un asunto de guerra. Gunnar, el jefe de los guardias, se acercó a Wolf con el rostro sombrío.
—Mi rey, con todo el respeto, su estrategia es arriesgada. Un asalto f