El aire gélido de la noche parecía haberse detenido cuando los soldados de la legión de Viridia llegaron finalmente a las inmediaciones de la cabaña. El sonido de sus armaduras de bronce, que antes había sembrado el terror en los cazadores enemigos de Freyja, ahora resonaba como una campana de esperanza para los que esperaban dentro del refugio. Wolf encabezaba la marcha, flanqueado por Jade, cuyos rostros reflejaban el agotamiento de una batalla que casi les cuesta la vida en el desfiladero.
Al ver las luces de las antorchas, los centinelas que custodiaban a Christina bajaron sus armas. El alivio no era solo una emoción, era una fuerza física que relajaba los hombros de cada hombre leal presente. Habían sobrevivido a la oscuridad de la traición y, por primera vez en semanas, el poder militar no estaba en manos de sus enemigos, sino de aliados de confianza que habían cruzado fronteras para cumplir un juramento.
Kyrus, el comandante de la legión, se adelantó con paso firme, haciendo qu