Wolf habló de inmediato, sin rodeos, honrando el riesgo que Jade ya estaba tomando al no entregarlo.
—Jade, Freyja ha enviado a sus cazadores. El silencio de Borin nos ha comprado tiempo, pero solo el tiempo suficiente para que hables. Christina me envió a ti porque el juramento que le hiciste es el único pilar de confianza que nos queda en esta Montaña.
Jade asintió, su rostro era severo. No había necesidad de luchar. Su respeto por Christina y el peligro inminente bastaban para formar el pacto.
—Lo sé. Mi madre, la Reina Madre Hjordis, también lo sabe —dijo Jade, su voz grave. El conflicto no era con Wolf, sino con la ambición de su propia madre—. Ella me ha instruido: no interferir. Cree que si permitimos que Freyja elimine la amenaza de un Rey de las Tierras Bajas, ella podrá negociar una paz y asegurar la autonomía del Clan Lince.
—Ella se equivoca —replicó Wolf con firmeza—. Freyja no negocia. Una vez que el heredero de Christina sea eliminado, no habrá razón para la paz. Hjordi