El Anciano Gylfi, un hombre que toda su vida había encontrado refugio en los libros y la seguridad del Consejo, ahora cabalgaba a través de la noche como un espectro. El frío de la montaña era su aliado y su enemigo. Envuelto en ropas de comerciante y con el rostro oculto, se había convertido en el mensajero más improbable de la historia del reino.
La ruta hacia Viridia era tortuosa. Borin le había marcado el camino menos transitado: seguir el "Río de Piedra", un afluente salvaje que corría cer