La semana transcurrió como una sucesión de momentos robados. En cualquier rincón de la empresa, Tiago y Jimena encontraban la forma de acercarse: un beso rápido al amparo de una puerta cerrada, un roce de manos en la sala de juntas, un susurro que solo ellos entendían. Las noches eran otro capítulo, lleno de calor y promesas que se decían sin miedo, como si en su burbuja nada pudiera romperlos.
La fecha de la inauguración de la nueva aplicación estaba a pocos días, y Tiago sabía que, detrás de