La ciudad se sumía en un silencio cómodo mientras la noche avanzaba lenta, arropando con su calma los grandes ventanales del apartamento de Tiago. Desde el piso alto donde vivía, las luces de los edificios titilaban como estrellas que competían con el cielo. Dentro del lugar, el ambiente era cálido, íntimo.
Jimena dormía profundamente con la cabeza sobre su pecho, los dedos entrelazados con los de él, y su respiración suave lo acariciaba como una melodía conocida. Tiago no podía dormir. Tenía