Jimena se incorporó con delicadeza, como si su cuerpo aún temiera romper el instante. Su respiración se había vuelto más pausada, pero no por eso menos profunda. Su pecho subía y bajaba con una cadencia sensual que no escapó a los ojos de Tiago. Su cuerpo, aún tembloroso por la intensidad de lo que acababa de experimentar, se mantenía sobre él unos segundos más, como si su piel necesitara memorizar el calor del otro.
Tiago le acarició suavemente la espalda con los dedos. Un roce delicado, pero