La mañana del viernes comenzó como cualquier otra… al menos, hasta que sonó el teléfono de Jimena.
Estaba en su despacho, revisando el itinerario del viaje con la frialdad meticulosa que la caracterizaba, cuando el móvil personal vibró.
Diana.
Jimena respondió de inmediato.
—¿Sí?
—Jimena… necesito hablar contigo —la voz de su asistente sonaba nerviosa, acelerada—. Surgió un problema con mi hermana. Está en urgencias y no tengo con quién dejar a los niños. No podré acompañarte al viaje.
Jimena s