El sol de la mañana entraba con timidez por los ventanales de la habitación, filtrándose entre las cortinas con una luz dorada que acariciaba suavemente las sábanas arrugadas.
El aire estaba impregnado con el aroma tenue del perfume de Jimena, aún suspendido en el ambiente, como si también se resistiera a dejar atrás la noche anterior.
Jimena se giró entre las sábanas revueltas, emitiendo un suspiro bajo, con la cabeza palpitándole levemente por el licor. Pero no era el ron lo que la tenía desc