El sábado cayó con un sol perezoso y un calor cálido, casi cómodo.
Jimena pasó la mañana en su mansión, desayunando fruta con té mientras trataba de convencerse de que no tenía ganas de ir al evento de los empleados.
Mentira.
Había elegido su ropa con más cuidado del habitual: unos jeans ajustados color negro, una blusa color vino con hombros descubiertos, y tacones bajos. El cabello oscuro, corto y perfectamente peinado, enmarcaba su rostro con un aire sofisticado. Un maquillaje discreto resal