Diez años después, el tiempo había hecho su trabajo sin pedir permiso. Andrew Kayser creció entre edificios de vidrio, reuniones silenciosas y nombres que pesaban más que las personas. Aprendió pronto a leer balances antes que emociones, a distinguir oportunidades antes que afectos. Era inteligente, disciplinado, ambicioso. Exactamente lo que sus padres adoptivos esperaban… al menos en apariencia.
Aquella tarde de vacaciones, el señor Kayser lo mandó llamar a su despacho. Andrew estaba a una se