Se estaba convirtiendo en una necrópolis de metal y vapor. Tras el colapso de la terminal principal, el aire se había vuelto denso, cargado de un magnetismo residual que hacía que el vello de los brazos se erizara. Antonio cargaba el cuerpo lánguido de Leo, cuya piel emitía un calor febril. Mia caminaba a su lado, con el arma de Marcos aún caliente en sus manos, barriendo las sombras con la mirada de una loba que sabe que el cazador todavía acecha.
No habían avanzado mucho cuando las luces de