Terminé la llamada y dejé el celular sobre la mesa de madera maltratada. Por un momento, el único sonido dentro de la choza era el choque distante de las olas contra la orilla.
Sebastian estaba parado cerca de una de las ventanas, con un vaso de whisky sostenido flojamente entre sus dedos. La luz del sol poniente cruzaba la habitación y alcanzaba los golpes que decoraban la mitad de su rostro. Se veía terrible. Por otra parte, yo también.
—El plan está en marcha —dije. Si Benjamin hablaba, Fern