A la caravana de camionetas se le permitió el paso por las rejas del rancho de Fernando sin mostrar resistencia.
Bajé del vehículo solo después de que mis hombres ya habían salido y se habían desplegado por el gravillar. Mis botas tocaron el suelo. De inmediato, mis ojos recorrieron el rancho. Techos. Balcones. Ventanas abiertas. Se veían tres cañones de rifle. Al menos el doble de esa cantidad estaría escondida. No había venido aquí a negociar. Esa etapa ya había pasado.
Mi mirada siguió movié