El océano se sentía diferente hoy. Tal vez porque Alex estaba a mi lado. O tal vez porque, por primera vez en lo que parecía una eternidad, no había una amenaza inmediata colgando sobre nuestras cabezas.
Nada de asaltos a casas. Nada de Fernando. Nada de autos robados. Nada de balazos. Solo agua. Solo sol. Y Alex.
Nos quedamos cerca de la orilla, donde las olas nos empujaban con pereza. El agua me llegaba a los hombros mientras el sol de la mañana pintaba todo de tonos dorados.
—Eres una buena