La forma más pura de alegría existía justo frente a mí. Estaba ahí en la manera en que Alice se agachó de inmediato al nivel de los niños como si perteneciera ahí.
—Hola, buddy. ¿Cómo has estado? —le preguntó a Carlitos.
Luego le revolvió el cabello. Casi sonreí. Carlitos odiaba que le tocaran el cabello. Lo odiaba. Lo toleraba de mí porque yo era su padre. Incluso mi madre recibía miradas de molestia cada vez que lo intentaba. Brenda nunca se salía con la suya. Y sin embargo Carlitos simplemen