Permanecí en silencio. Y Sebastián también. Ni una sola vez intentamos contener nuestra curiosidad para evitar interrumpir el relato de nuestro padre. La revelación de nuestro padre había absorbido el aire del ático.
Una mujer.
Nuestro padre estaba de pie frente a la gran ventana con vista a la finca, con las manos entrelazadas detrás de la espalda.
—Sabes, la especie masculina se vuelve muy vulnerable y apegada a la especie femenina. Como la presa a su depredador. Y eso es de muchas más formas