CAPÍTULO 63

ASTRID

Mi respiración estaba agitada, había corrido demasiado, escondiéndome por horas. Llegue hasta la cascada, un motivo me traía a este sitio: Elliot

Recordé que este ugar era la tumba de mi amigo. Las flores silvestres crecían sin miedo alrededor de la roca que usé como marcador, y el agua corría cerca, purificando el ambiente, como si intentara limpiar mi alma también.

—No debiste hacerlo, le murmuré, la voz quebrada por el dolor. —No debiste sacrificarte por mí. —Las palabras se deshicie
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