RONAN
El humo lo cubrió todo.
Espeso, denso, maldito. Como una sombra viva que se aferraba a mis sentidos, nublándome la vista, la nariz, el alma.
Lucian.
Ya no escuchaba su voz.
El eco de su grito se apagó como una vela en la tormenta, y eso me arrancó el aliento más brutal que jamás he sentido.
Intenté avanzar entre la neblina, me lancé con garras abiertas, colmillos al aire, pero era como correr dentro de una pesadilla. Cada paso me alejaba más de él. Cada zancada era inútil.
Cuando la nube