ASTRID
La madrugada era una neblina densa entre los árboles.
El cielo apenas se había aclarado, y el bosque despertaba con el canto tímido de los pájaros.
Pero en el interior del auto, todo era silencio… salvo el ronroneo suave del motor y la respiración acompasada de Lucian, que dormitaba recostado sobre mi hombro.
Elliot iba al volante, atento, sin apartar la vista del camino.Detrás de nosotros, otro vehículo seguía de cerca, transportando a Rambo, su esposa y dos betas más.
Y más atrás —aun