CAPÍTULO 46

ASTRID

Golpeo el tronco una vez más.

Mis nudillos están enrojecidos, pero no me importa. El aire fresco del bosque arde en mis pulmones, y el sudor me empapa la espalda.

No hay sonido, salvo el jadeo de mi respiración y el golpeteo de mis puños contra la madera.

Una semana.

Siete días sin Ronan.

Compartimos techo… pero no palabras. Dos extraños en la misma casa. Dos alfas distantes, rotos, tragándose el dolor a solas.

Rambo me dijo que él y Livia buscan un modo de romper la protección del reino
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