ASTRID
Me quedé muda.
Las palabras me temblaban en la garganta, todas agolpadas, sin orden, sin forma.
¿Después de una semana de silencio, de ignorarme, de aparecer con Livia como si nada… ahora esto?
Extendí la mano, lo toqué apenas con la yema de los dedos… y luego cerré la caja con un solo movimiento. No. No estaba preparada para volver a llevar ese vínculo alrededor del cuello. No después de lo que pasó. No todavía.
—No puedo —murmuré, con la vista clavada en la tapa.
Sentí el aire moverse.