EUNICE
Lucian me miraba.
No con esos ojos que antes me desarmaban… sino con la mirada distante de un extraño. Aun así, cuando pronunció mi nombre, lo hizo como si algo en su alma se despertara.
—¿Eunice?
Mi garganta se cerró. Di un paso hacia él, pero entonces una voz suave, melosa, cargada de aparente ternura, se escuchó desde el interior de la casa.
—¿Quién es, amor?
Marie.
Ella apareció detrás de él con una sonrisa encantadora, y sus ojos se clavaron en los míos como si intentara leerme ente