ASTRID
Los nudos de cuerda estaban bien sujetos alrededor de mi cintura. Ronan se acercó y revisó mi amarre por tercera vez. No era por desconfianza… era su forma de decirme que tenía miedo. Y yo también lo tenía.
Freya me abrazó con fuerza. Noté cómo sus manos temblaban.
—Van a volver, ¿verdad? —preguntó con la voz de aquella niña que creí que ya no existía.
—Claro que sí —le dije mientras le alisaba el cabello, como cuando era pequeña—. Soy tu madre, ¿recuerdas? Siempre vuelvo.
Ella intentó s