La noche era profunda en los alrededores de las tierras de Eryndor, y la calma del castillo parecía un espejismo, como contenida paz que era falsa, Adara sabía que la sensación de tranquilidad que inspiraba no podía mantenerse por mucho tiempo. Adara después d e la confrontación que tuvo con Eryndor al enfrentarse a la noticia de que Vladislav decidió volver a la vida normal, se encerró en su habitación. llevaba horas sin poder dormir, con la mente ocupada en Vladislav y todo lo que había suced