La noche era profunda en los alrededores de las tierras de Eryndor, y la calma del castillo parecía un espejismo, como contenida paz que era falsa, Adara sabía que la sensación de tranquilidad que inspiraba no podía mantenerse por mucho tiempo. Adara después d e la confrontación que tuvo con Eryndor al enfrentarse a la noticia de que Vladislav decidió volver a la vida normal, se encerró en su habitación. llevaba horas sin poder dormir, con la mente ocupada en Vladislav y todo lo que había sucedido.
Su vínculo con él, la conexión que compartían, se había fortalecido a niveles que ni ella misma comprendía completamente. Lo sabía, pero no entendía el por qué no percibió esa decisión tan repentina. Se sintió traicionada. Pero aquella noche, algo se sentía diferente. Había una sensación que no podía ignorar, como si la oscuridad misma estuviera acechando...
Sin darse cuenta, cerró los ojos, y en ese preciso instante una visión llegó sin previo aviso. Su cuerpo se tensó, y de inmediato, se