El aire en el despacho de Adara se sentía denso, como si todo lo que había sucedido hasta ahora estuviera apretando el espacio en torno a ella. Mientras las sombras caían lentamente sobre la ciudad, la profecía de la Luna Azul seguía latiendo en su mente, como una melodía sombría que no podía dejar de escuchar. Intentaba no pensar en eso, intentaba concentrarse en lo que estaba haciendo, pero el peso de su destino, el que compartía con Vladislav, se cernía sobre ella con cada respiración.
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