Adara estaba perdida, no solo físicamente, sino también emocionalmente. Después de la pesadilla del intento de secuestro, su mente no dejaba de dar vueltas. La tensión la invadía por completo, y no lograba encontrar el rumbo. Su auto avanzaba por la autopista central sin una dirección clara. Los recuerdos de los hombres que habían intentado atacarla, la enorme bestia que apareció de la nada y la liberó sin hacerle daño, todo eso seguía presente en su mente.
El miedo no se iba, al contrario, se