En la mansión de Christian, las ventanas temblaron. No por viento, ni por la tormenta… Por él.
Christian se había quedado quieto durante exactamente tres segundos. Solamente tres. Ese fue el tiempo que tardó en recuperar la respiración después de sentirlo.
Después de sentir que Adara había desaparecido por completo de su radar, como si alguien hubiera arrancado su presencia de la existencia misma. No fue un bloqueo, tampoco un hechizo de ocultación.
Fue un vacío, un apagón total.
La copa que so