El estruendo que hizo la puerta al estallar hacia adentro fue tan brutal que la onda expansiva levantó polvo, astillas y pedazos de metal que salieron volando como metralla. Vladislav cubrió a Adara con su cuerpo, aun sabiendo que ella podría matarlo con un solo latido de ese poder oscuro que la envolvía y el poder innato que aún no había terminado de desarrollar. Las paredes vibraron, el aire tembló, y una presencia helada se filtró por las grietas recién abiertas.
—¡Atrás! —gritó Eryndor, lev