El silencio que quedó tras la partida de Adara fue más devastador que el último estallido de magia. No era un silencio natural; se sentía denso, aplastante, como si la casa entera contuviera la respiración… esperando el próximo golpe.
Blade fue el primero en moverse, ajustando a Ionela entre sus brazos.
—Tenemos que ir tras ella.
Eryndor levantó la mano con brusquedad.
—¡No! No deben acercarse. Su aura está inestable… si alguien intenta intervenir ahora, incluso ella podría explotar por dentro.