El aire era pesado y diferente, algo que Adara jamás había experimentado. Aunque las tierras de Eryndor eran ajenas para ella, algo en la atmósfera la envolvía de manera extraña. Como si la misma tierra estuviera viva, como si las raíces de los árboles que rodeaban el bosque la estuvieran llamando. A cada paso que daban, Adara sentía una conexión más profunda con el lugar, una sensación de que todo lo que conocía hasta ese momento solo era una sombra de lo que realmente era. Era una tierra impr