—...El ser debe ser destruido —expresó Eryndor con una firmeza inesperada, sorprendiendo tanto a Adara como al resto de los presentes.
La magnitud del mal que había dentro de Ionela era tan evidente, tan palpable, que todos los que observaban no podían apartar la mirada del ser demoniaco que levitaba sobre su cuerpo. La criatura era la manifestación del mal absoluto, y en su forma se reflejaban los horrores que Christian había sembrado.
La responsabilidad que Eryndor le estaba dejando a Adara