El reloj marcaba casi las seis de la tarde cuando Adara escuchó el sonido de la puerta principal de su departamento. Era un golpeteo suave, persistente, pero que de alguna manera la hizo tensarse. Durante los últimos días, las sensaciones extrañas que la asolaban no habían desaparecido, más bien se habían intensificado. Algo estaba mal, algo dentro de ella se resistía a la calma, a la normalidad de su vida. Su mente constantemente volvía al recuerdo de una noche nebulosa, algo que había sucedid