«Debes ser fuerte, no te dejes llevar… no es él…es solo un reflejo de su maldad para evitar avanzar… escucha a Eryndor», gruñó la loba en lo más interno de su conciencia.
—¡Basta! —repitió.
El eco de su voz retumbó en el apartamento. Por un instante, tanto Eryndor como Christian se quedaron inmóviles, como si la fuerza de su grito hubiese detenido el aire mismo.
Adara jadeaba, las lágrimas se asomaban en sus ojos.
—No entiendo qué está pasando. No sé qué quieren de mí.
Eryndor extendió su mano